Todo sobre contaminación Río La Pasión

El río La Pasión está contaminado… dicen…

Contaminación Río La Pasión. Cosas increíbles las que ocurren en Guatemala. Hace algunas semanas, rebelde que soy, me sentí “motivado” por algunas noticias que había leído días atrás, en las cuales se afirmaba por sus autores, casi que con la cruz en los labios, que la corriente del Río La Pasión habían quedado contaminada y que era imposible darse un chapuzón, a causa de la mortandad de peces que ocurrió hace dos años, precisamente en el mes de junio.

Pero ocurre que a mí no me gusta que me cuenten cuentos. No sé, pero algo en mi interior (de por sí inquisitivo y cuestionador) me decía que debía percatarme con mis propios ojos, oídos y demás sentidos. “El Río La Pasión contaminado”, repetía una voz en mi mente y, una y otra vez, me negaba a hacerle caso. “No, no puede ser”. Pero al mismo tiempo, algo me decía que “tal vez sí”. “Puede ser posible”. Y finalmente, una tercera voz que me acompaña cuando estoy frente a este tipo de disyuntivas me hizo recordar, casi a gritos, aquello de: “Hasta no ver, no creer”.

“El Río La Pasión, contaminado”, me volvía a repetir una y otra vez. Y es que a la vez venían a mi mente varias ideas. Una, ocurrida varios años atrás, cuando era un mozalbete y llevé a cabo mi primera incursión por el inmenso río. Todo fue fabuloso y a tono con mi espíritu de explorador. Animales, plantas, agua y más agua. Y aunque habían algunos rasgos de contaminación, tampoco era para preocuparse. El río se anunciaba con larga vida por delante”.

Y la otra no ocurría precisamente en el Río La Pasión. Tampoco en Petén. ¡Vamos! Ni siquiera en Guatemala. Me recordé que en 2006 tuve oportunidad de viajar a la India y China en el año 2013. Uno de mis caros propósitos, planificados desde muchos antes de salir de viaje, fue visitar los históricos y sagrados ríos Ganges y Yangtsé, tan históricos y sagrados como el Río La Pasión.

Mi espíritu se quiebra en el Ganges

 Cuando por fín tuve frente a mis ojos aquella enorme corriente, no pude evitar el recordar aquella leyenda que relataba cómo estas aguas se encontraban pero en el cielo, como burlándose de las tierras desérticas y la sed que padecían los primeros habitantes de la India, muchos de los cuales morían a causa de la falta del vital líquido. Pero vino un rey, Bhaguiratha, quien parece que logró impresionar a los dioses con sus plegarias nacidas de la desesperación y la sed, y estos no tuvieron más remedio que escucharlo y concederle su deseo. Las aguas se precipitaron, pero caían con tanta furia y abundancia que muchos seres perecieron a causa del exceso de agua.

Antes que todos murieran, Shiva, el dios supremo del hinduísmo, hizo que las aguas cayeran sobre su cabeza y resbalaron por ella durante mil años, hasta que la corriente encontró su curso y fijó su nacimiento allá por el Himalaya, pero ahí ya se había vuelto un río manso y cristalino, un auténtico espejo que estaba inexorablemente al servicio de los humanos.

Pero ahora esa leyenda choca contra la realidad. Lo primero que vi fue un torrente de residuos y desechos asquerosos. Me resultó difícil imaginar si aún se sumergen los devotos en busca de la salvación. Y casi vomito al recordar que muchos hasta beben a sorbos de su lecho, con tal de agradar a sus deidades. Más tarde leí un informe de la Fundación Sankat Mochan en internet, donde se advierte que en ciertos puntos el Ganges alcanza un nivel de bacterias fecales de 31 millones por cada 100 mililitros, aunque lo tolerable para un duchazo son 500 y para el consumo humano un real cero. Por eso ahora, al recordar, me buye en la cabeza esa vocecita: “El Río La Pasión está contaminado”.

Según otro estudio publicado en 2006 por la Revista Internacional de Salud Medioambiental, en las aguas del Ganges se puede contraer cólera, hepatitis A, tifus, enfermedades gastrointestinales o disentería. Al fin y al cabo, pienso, el Río La Pasión tiene 345 kilómetros, nada comparable con los 2,525 kilómetros del Ganges donde viven 400 millones de personas, un tercio de la población india, que dependen estrechamente de sus aguas, al igual que los 67 mil aproximadamente, que viven en Sayaxché, donde se ubica el Río La Pasión.

Derrumbado frente al Yangtsé

 Al nada más poner un pie en Beijing, capital de China recibí la bienvenida de una bocanada asquerosa de smog, típico de las ciudades que resiente los efectos del crecimiento económico y sus efectos sobre el medio ambiente. Un poco desilusionado, pero al fin y al cabo dominado por la curiosidad, hice al viaje hasta uno de los poblados erigidos a orillas de este descomunal río de El Yangtsé drena una cuenca de 1 millón 800 mil km.

Pero aquí, donde un dragón largo formó este enorme cuerpo hídrico, poco va quedando de su esplendor. Y la Presa de las Tres Gargantas, impresionante con todo y ser la presa más grande del mundo y que alimenta la mayor central hidroeléctrica, parece un insulto a la ancestral cultura china, tan apegada desde sus tiempos de mayor esplendor a rendirle tributo al mundo y sus maravillas.

Pero ahora, en el Siglo XXI, en lugar de dragones lo más seguro es encontrar cerdos muertos flotando, en cantidades tan grandes como 2 o 3 mil. Y según me contaron, fuentes contaminadas (ahí sí aplica el término) como esta son responsables del aumento de casos de cáncer.

Les juro que no es para nada agradable contemplar esta inmensidad plena de basura, donde sus aguas constantemente cambian de color, no por efectos naturales sino los desechos de todo tipo que se vierten a las que algunas fueron fuentes de regocijo espiritual. Un reporte oficial ha declarado que hay 600 kilómetros en estado “crítico” debido a que el río recibe cada año 14,200 toneladas de agua contaminada, equivalentes al 42% del total desaguado en todo el país. Además, pesticidas, fertilizantes y escapes de los barcos de pasajeros figuran entre los principales contaminantes, especialmente en la zona de la presa de las Tres Gargantas. Toda esta contaminación está afectando significativamente a la vida acuática, al grado que solamenta la extinción del delfín de aleta blanca y por otra parte, se ha visto afectada la actividad económica, debido a que cada vez se extrae menos pescado y otros animales y productos que antes abundaban.

Ahora estoy aquí, de nuevo, frente al Río La Pasión, mi entrañable río. Y ¡Oh sorpresa! Mis pulmones se ofenden pero al recibir la pureza de su aire, al percibir el aroma límpido de sus aguas, al ver reflejado mi rostro en aquel espejo de agua, todavía tan claro como hace años, cuando lo visité por primera vez. Hay empresas industriales en sus cercanías que no existían entonces, es cierto, pero tampoco es justo acusar mientras estén contribuyendo, tal como lo pude comprobar, a luchar junto a la población para mantenerlo libre de contaminación.

Así que decido mandar a donde deben estar a los que (ahora lo comprendo) se han ensañado contra el Río La Pasión y los anhelos de desarrollo de la población de Sayaxché. “El Río La Pasión está contaminado”, insiste aquella voz en mi mente, pero ahora es débil, casi imperceptible, como un zumbido que más bien causa risa.

“Me dan ganas de mandar a la China a los que inventan estas sandeces… y que se enteren de lo que es realmente un río contaminado.

Contaminación Río La Pasión

Leave a Reply