Rio la pasión, Sayaxché Guatemala. El Mito del Ecocidio.

RÍO LA PASIÓN, GUATEMALA

RÍO LA PASIÓN, GUATEMALA

El Mito sobre el Ecocidio 

Desde el año pasado, algunos grupos organizados han venido colocando en la mente de la población guatemalteca un concepto prácticamente desconocido en el medio: Ecocidio. En particular, lo utilizaron para criminalizar el accidente ocurrido en 2015, en el Río La Pasión, un cuerpo de agua de 345 kilómetros que nace en las montañas de Alta Verapaz (norte del país), incursiona en buena parte de la selva petenera, llega a Sayaxché y alcanza su máxima anchura (400 m) antes de El Porvenir, para finalmente desembocar y finalizar su trayecto en la confluencia del río Usumacinta.

El accidente ocurrió el 6 de junio de 2015, cuando residentes de las cercanías del río reportaron haber encontrado gran cantidad de peces muertos flotando a lo largo de la corriente del río. De inmediato y sin mayores elementos de juicio (tal como se ha demostrado a medida que se profundiza en las investigaciones), el Centro de Acción Legal, Ambiental y Social (Calas) declaró que se trataba de un ecocidio.

Calas es una Organización No Gubernamental de corte ecohistérico, financiada por entidades internacionales y que se dedica a estimular el conflicto en las comunidades donde la empresa privada busca instalar operaciones, aun en casos donde las actividades no afectarán el medio ambiente.

En el caso del río La Pasión, injustamente denominado ecocidio, esta agrupación señaló como responsable a la industria palmera, acusándola de haber vertido el insecticida Malatión sobre la corriente. Si bien esta sustancia dio positivo para las muestras de agua del rio La Pasión, resultó negativo en los peces muertos.

Sin embargo, en su afán protagónico, Calas ha insistió en su versión, ha llevado el caso a instancias jurídicas de diverso nivel, en las cuales ha recibido varios reveses y se ha logrado que la procesadora de aceite sea amparada por varias salas jurisdiccionales.

Ante todo, hay que tener claro que no cualquier desastre ecológico merece el apelativo de Ecocidio. Esta es una palabra instrumentalizada, en este y otros casos, y que luce como un buen pretexto para desprestigiar al sector empresarial, causar alarma en la comunidad internacional y, como corolario, obtener aportes financieros de esta última. Así ha sido la historia de las agrupaciones ecohistéricas y en el caso de Calas no es la excepción.

En realidad “Ecocidio” hace referencia a cualquier daño masivo o destrucción ambiental de un territorio determinado de tal magnitud que ponga en peligro la supervivencia de los habitantes de dicho territorio. Ecocidio puede ser irreversible cuando un ecosistema sufre un daño más allá de su capacidad de sanar. Es generalmente asociado con el daño causado por un agente vivo, sea directa o indirectamente. Más propiamente, hasta un organismo puede infligir ecocidio directamente, al  matar suficientes especies en un ecosistema para interrumpir su estructura y función, como en el caso de las algas verde azuladas sobre el medio ambiente del precámbrico, cuya química reductora liberó cantidades masivas de oxígeno al medio ambiente. Para algunos organismos este oxígeno era venenoso y desaparecieron, en tanto que las algas y otros organismos se adaptaron a un medio ambiente con una química basada en la oxidación.

Los hechos y el tiempo transcurrido han demostrado que el accidente, lamentable desde cualquier punto de vista, si bien ocasionó la pérdida de una cantidad numerosa de peces, no afectó el ecosistema en su conjunto. Y las comunidades habitantes de las riberas del río La Pasión siguen su vida cotidiana, desarrollan sus actividades productivas sin alteración y el entorno se encamina  hacia la recuperación total.

Industria palmera, cabe señalar, ha sido una empresa ecológica y socialmente responsable. La palma, el producto a cuya explotación se dedica, tiene características ambientalmente amigables, por tratarse de un producto que reincorpora grandes cantidades de materia orgánica al suelo, protege a este último de la erosión mediante el uso de cobertura leguminosa y ayuda a mantener una temperatura baja en el suelo.

Ecocidio y su Responsabilidad Social

Desde antes de los acontecimientos que nos ocupan, empresa procesadora de aceite ha construido una sólida relación con los pobladores cercanos a su planta de operaciones. Jornadas médicas, monitoreo y evaluación nutricional, para dar seguimiento al crecimiento de los infantes de Sayaxché. Además, donó una hectárea de terreno al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) donde se construirá un importante centro de atención. Actualmente se estudian otras áreas de apoyo a las comunidades de este municipio petenero.

Y no deben omitirse los espléndidos resultados que en materia económica le ha generado el aceite de palma al país: el país ha pasado de ser importador a ser un exportador notable, genera más de 25 mil empleos directos y 125 mil empleos indirectos y, en general, una mejora en los niveles de ingresos y en la calidad de vida de estos beneficiarios. Agrupaciones como Calas jamás podrían aportar uno sólo de estos beneficios, porque su interés es particular, economica y destructivo.

Como puede apreciarse, la industria palmera está compenetrada de su responsabilidad institucional hacia el sector donde opera y, en especial, por la situación del medio ambiente. Es una de las industrias que ha evolucionado paralelamente a las necesidades de la sociedad, reconociendo la importancia del desarrollo sustentable.

Lo ocurrido en el Río La Pasión, lamentable como decíamos, debe superarse para el bien de las comunidades pesqueras y para el desarrollo económico-social del país. Debe verse como una oportunidad, no para hacer más grandes las heridas y el resentimiento que pudiese existir, sino para caminar en plena concordia, hacia un nuevo estatus donde empresas y pobladores, como actores directos del tema, puedan construir un nuevo estatus de relaciones, en armonía y con el horizonte puesto sobre un mejor mañana. Nada de ello, por cierto, le interesa a las organizaciones ecohistéricas.

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