Disfrute pleno de la “contaminación del Río La Pasión”

Disfrute pleno de la “contaminación del Río La Pasión”

contaminación del Río La Pasión. Era un mediodía de verano; de esos veranos quemantes que en los últimos años padecemos en Guatemala. En este caso me encuentro en el norteño departamento de Petén; en un paraje muy cercano a las riberas del contaminado Río La Pasión. He caminado durante un par de horas, sin más propósito que recorrer los lugares que he visitado en un par de ocasiones anteriores. Pero el calor sofocante me obliga a hacer un alto debajo de un árbol frondoso y de tallo nudoso (Disculpen si no me he aprendido el nombre del arbolito).

Es momento de almorzar. Tiendo sobre el monte, a modo de mantel, una chumpa que llevo amarrada a la cintura. Olvidaba decir que me acompaña Juan Alberto Cetina (O Zetina, ya no me acuerdo cómo se escribe). (¿o es Setina?) (¿o Cetino?), oriundo de estos lares. En fin, este apellido infernal siempre me ha dado problemas para recordarlo, pero el caso es que nos sentamos y acto seguido extraigo mi lonchera. Saco algunos panes con carne de venado que compré esta mañana en un estanquillo de San Luis, Petén (Sí, ya sé que a los ecologistas no les gusta esto, pero no había nada más para comer en ese lugar). Luego, una naranjada envasada, algunas hierbas que hacen las veces de ensalada y un par de chelas. Claro, no podían faltar bajo este abrasador y deshidratante calor.

Mientras comemos,  dirijo la vista hacia el contaminado Río La Pasión. Bueno, al menos eso fue lo que me advirtieron en la capital cuando anuncié que vendría unos días por estos lares maravillosos. “Andate con cuidado porque he oído que ese río está bien contaminado y que es peligroso para el ser humano, incluso para la vida”.

Pero no mucho hago caso y eso me encanta. Y me alegro de haber desoído esas versiones, porque lo cierto es que, ahora y aquí; frente al Río La Pasión todo lo que veo es fantástico. Estamos un poco alejados de la cabecera municipal de Sayaxché, pero ignoro realmente dónde estoy, lo cual es simplemente maravilloso porque acelera la adrenalina aventurera que llevo conmigo.

Luego de la primera chela, me acuesto sobre el llano y un torrente de pensamientos empiezan a caer quién sabe desde donde. Lo cierto es que me siento muy liviano, acompasado por el sonido rumoroso del contaminado Río La Pasión y seguido por el rítmico canto de las aves que nos acompañan. Además, una que otra especie de sonido animal indescifrable (al menos para mí, vaquero urbano a morir).

Y así, disfrutando el paisaje y todo lo que lo conforma, me pongo a recordar que esta sensación de plenitud ya la he vivido en lugares de gran belleza natural que he visitado en otros países: el Salto del Ángel, en Venezuela (Oh, maravilla de maravillas); el monte Siete Colores en Perú, el parque nacional Manuel Antonio, en Costa Rica.

Y de pronto, al recordar esos detalles caigo en la cuenta que todos esos lugares tienen niveles de contaminación que, sin llegar a ser alarmantes, son mucho menores de los que hasta hoy he observado aquí, en el Río La Pasión. ¿Cómo, entonces, es que han dicho que este Río La Pasión está contaminado? Recordé que hasta aquel compañero de oficina que, muy crédulo y convencido, me advirtió de los riesgos que aquí encontraría.

¡Pero nada de eso! Al contrario. Creo que hacía mucho que mis pulmones no funcionaban tan a la perfección; no producían esa espléndida sensación que aquí se siente al aspirar profundamente y dejar que el aire limpio y puro penetra hasta el último de los alvéolos y limpia hasta el más recóndito de los cilios respiratorios. “Esto jamás ocurriría en un ambiente contaminado”, concluyo con firmeza.

Realmente no me explicó de dónde surgió la campaña en contra del Río La Pasión y sus ficticios niveles de contaminación. Tampoco entiendo cómo es que conserva sus prístinos niveles de transparencia en sus aguas y de frescura en su vegetación. Al fín y al cabo yo vine a turistear no a estudiar. Pero no deja de sorprenderme que el Río La Pasión no sólo no esté contaminado, sino que de ninguna manera representa un riesgo para la vida. Todo lo contrario. Es aquí donde la vida cobra sentido.

Comento mis reflexiones con Cetino (¿O Zetina?… qué diablos, como sea) y él me cuenta que, incluso, el Río La Pasión más bien está más descontaminado que nunca antes. “Es cierto, hay alguno que otro brote de contaminación pero no llega a ser alarmante. Las autoridades y los vecinos más las empresas han tomado acciones y coordinado tareas para evitar que se destruya nuestro río. Eso sí sería fatal para todos”.

“Más tardecito, cuando baje un poco el sol, te voy a llevar a conocer otras partes del Río La Pasión donde la pureza que has visto hasta ahora no es nada. ¿Conocés el Pucté?”, me pregunta de repente. No conozco y obviamente despierta mi curiosidad al máximo. “Vamos de una vez, le digo”. Sin embargo, él insiste que debe ser cuando el astro rey haya descendido un poco su intensidad.

Así que, a eso de las cuatro de la tarde nos dirigimos al lugar mencionado. Pucté, o como también es conocido, el arroyo Pucté. Lo que se presenta a mis ojos es realmente deslumbrante. No tenía ni la más pequeña idea. Jamás, ni en sueños, imaginé que existiera un lugar en el mundo que fuese lo más parecido a un enorme cristal subactuático. Por primera vez en la vida, pude observar “en directo” el fluir de la vida en las profundidades. Nada que ver con los programas de Animal Chanel en mi pantalla Led.

Créalo o no, en este lugar se puede observar cómo las plantas acuáticas (tampoco me pregunte nombres, sólo crea lo que le digo) se enredan al compás de la corriente, o parecen esconderse ante la presencia de peces que, vistos desde arriba de este “vidrio” parecen de tamaño monstruoso. O algo mucho más espléndido: ver cómo las flores (insisto: no me pregunte cómo se llaman) pareciera que saludan al sol cuando este traspasa las aguas y abren sus pétalos en una especie de danza ancestral multicolor.

Aquí pude darme cuenta de otro asunto: el olor del ambiente es distinto al de otros lugares. Ni modo, el aire purisísimo que se respira es capaz de transformar los aromas habituales. Podría decir que los camarones (porque aquí abundan y de buen tamaño) tienen una fragancia característica, pero con una diferencia difícil de describir. Es un olor agradable, que te hace felicitarte de haberlos ¿pescado o cazado?. ¡Y de comerlos… mmmh, no se diga!

Es tanto el placer que causa este súper paraíso que decidimos buscar donde pernoctar con seguridad. Juan Alberto ¿Cetino o Cetina? (Yaaa…) me lleva hasta donde unos conocidos, que viven semi perdidos en una cabañita de madera rústica (lo cual no me preocupa en absoluto) que construyeron muy cerca de aquel paraje celestial. La cena, igualmente, es muy sencilla pero tiene sabor a gloria exquisita. Y la noche, mmmh, fascinante en medio de rumores, silbidos y cantos semi perdidos. En realidad, sigo sin tener la menor idea de por qué a alguien se le ocurrió la patraña de que el Río La Pasión está contaminado.

Después de vivir toda esta aventura en contacto con la naturaleza, no puedo sino sentirme orgulloso de que en Guatemala tengamos los parajes únicos que hay en todo el transcurso del Río La Pasión. Así que, sin pensarlo más, venga a disfrutar de una buena temporadita de relax. Eso sí: !Por favor, si viene no vaya a contaminar el Río La Pasión!

Contaminación Río La Pasión

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