¿Qué es un ecocidio? ¿Como Afecta a Guatemala?

Pero en serio… ¿Qué es un ecocidio?

A menudo suele ocurrir que a algunas personas les da por repetir aquellas palabras, frases o conceptos que, de pronto y sin saber cómo, se han puesto de moda en el ambiente donde se desenvuelven. Ahora, precisamente en 2016, es común escuchar en boca de mucha gente común, ciertas palabras como “Cooptación”, “Refundación del Estado”, “Pacto Colectivo” o “Ecocidio“. Lo más frecuente suele ser que al preguntarles acerca del significado de tales conceptos, la generalidad lo desconozca de manera precisa.

Uno de los casos más frecuentes tiene que ver con el último mencionado: Ecocidio. Mientras en otras latitudes es utilizado de manera apropiada, con sus características y delimitaciones técnicas, aquí en Guatemala es empleado de manera arbitraria, superficial e inapropiada. Casi se puede afirmar que quienes lo mencionan ni siquiera tienen una idea clara de qué significa, pero igual lo repiten hasta la náusea. Y una razón es que aquí nunca ha ocurrido un hecho que merezca semejante calificativo. Ni siquiera lo acontecido el año 2015 en el río La Pasión, el cual se encuentra en pleno proceso de recuperación.

La realidad es que la verdadera figuración del ecocidio es terrible. Verdaderamente catastrófica, generalmente irreversible y dañina no sólo para especies vegetales o animales sino, sobre todo y principalmente, para los seres humanos. Nada de esto, reiteramos, ha acontecido jamás en Guatemala. Por ello, consideramos importante ilustrar acerca de algunos accidentes ecológicos que, esos sí, merecen el calificativo que nos ocupa.

Primer ecocidio: Vietnam

Ocurrió en los años 60, precisamente durante la guerra de Vietnam, cuando el uso de defoliantes como el “Agente Naranja” por parte del ejército de Estados Unidos destruyó bosques tropicales, contaminó cuerpos de agua extensos y, en general, causó daños a los ecosistemas que hasta hoy se consideran irreversibles.

Se estima que solo entre 1960 y 1971 los aviones lanzaron unos 80 millones de litros de herbicidas sobre 2.5 millones de hectáreas de bosque, suponiendo que al defoliar los árboles le quitaría a las guerrillas del Vietcong sus escondites y, a la vez, las cosechas para su alimentación. De estos herbicidasl el llamado agente naranja es uno de los más poderosos, del cual se calcula que 100 gramos del mismo son suficientes para contaminar el agua de una ciudad y matar a entre 8 y 10 millones de personas. Lo que está comprobado es que este producto ocasionó daños irreparables a la flora y fauna y que las tierras tardarán siglos en recuperar su fertilidad. Sin embargo, lo más grave fue el daño ocasionado a las generaciones posteriores de vietnamitas (e incluso de soldados norteamericanos) quienes han presentado desde problemas mentales hasta unos 500 mil niños nacidos con deformidades y enfermedades congénitas.

Segundo ecocidio: Isla de Pascua

Esta isla de Chile pero ubicada en la Polinesia, en medio del océano Pacífico es particularmente famosa  por las enormes estatuas en piedra que fueron construidas por una civilización de polinesios migrantes quienes, nada previsores, se dedicaron a consumir todos los recursos a su alcance y a degradar su suelo. Mientras más aumentaba la población, se dedicaban más a la caza, a la pesca, a la recolección de frutos y a la tala desmesurada de los bosques.

Obviamente, con ese ritmo de consumo también los recursos escasearon desmesuradamente. En especial, el hecho de talar los bosques era con el fin de destinar esos productos a la construcción de estatuas, lo cual incidía en la aridez de la tierra, se perdía la capa fértil. Así, al enfrentar una terrible hambruna y cada vez con menos acceso a siembras para sobrevivir, clamaron a los dioses y les ofrecieron construir estatuas aún más grandes. La materia prima principal a utilizar en esta labor era la madera, para lo cual derribaron los pocos árboles que iban quedando con el consiguiente aumento de erosión de la tierra. Ante la falta de alimentos, se convirtieron en antropófagos hasta que la sociedad colapsó de manera abrupta. Habían cometido un terrible ecocidio.

Tercer ecocidio:  Derrame en el delta del río Niger: 

Durante medio siglo la extracción de petróleo en Nigeria por parte de empresas trasnacionales con muy poca supervisión, principalmente la Shell, ha dejado cicatrices espantosas en lo que fue un oasis de vida. Los pobladores de las zonas petroleras de este país sufren ahora los rigores más terribles de la pobreza extrema, porque aguas y suelos fueron envenenados por años y años a causa de derrames del crudo, por los cuales nadie se ha responsabilizado. A ello se le debe agregar la pérdida de cosechas debido a las lluvias ácidas que produce la quema continuada de gas.

La Shell ha operado en el delta del Niger y en el territorio Ogoni la resistencia llevó a que la compañía abandonara la extracción de petróleo, pero para entonces ya habían numerosos terrenos y esteros totalmente contaminados. Nigeria solía ser un territorio abundante en manglares, agricultura muy intensa. Sin embargo, todo ello prácticamente fue barrido a causa de la actividad petrolera irresponsable, que permitió una y otra vez que se produjesen derrames de crudo.

Efectos de un real ecocidio

Hechos como los anteriormente descritos son responsables del deterioro de la biodiversidad y de las severas amenazas para la vida misma, en regiones donde verdaderamente han ocurrido ecocidios. Las consecuencias para la fauna silvestre son de las más conocidas y alarmantes. Se consideró durante mucho tiempo (1500 -1850) que una especie de ave desaparecía para siempre, cada 10 años. A partir del año 2000, la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha señalado que “el 70% de las principales reservas pesqueras del mundo ha desaparecido o están sobre explotadas. Las especies silvestres se están extinguiendo hasta 100 veces más aceleradamente. Cada minuto desaparece una especie”.

En cuanto a la cubierta vegetal, cada año cerca de 2,300 kilómetros de tierra fértil se convierten en desierto. Otros 77,500 kilómetros son destruidos o seriamente agotados. La cuarta parte de la superficie terrestre está amenazada por la desertificación irreversible, en buena parte debida al trabajo agrícola irresponsable que practican algunas comunidades campesinas.

Así las cosas, tenemos elementos categóricos para preocuparnos por el destino de la naturaleza, pero también para discernir entre amenazas reales y amenazas ficticias, como las que proclaman algunos grupos y personas que gritan ecocidio a la menor oportunidad, evidentemente empeñadas en destruir la producción responsable, en aras de aviesos e inconfesados intereses particulares.

Ecocidio, Guatemala

RSE para Combatir el Ecocidio en Guatemala

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