• El alma urbana de la contaminación Río La Pasión

    Contaminación Río La Pasión

    El alma urbana de la contaminación Río La Pasión

    Contaminación Río La Pasión. Estoy seguro que el titular de este artículo causará inquietud (aunque tal vez habrá otros que de una vez me sacarán a la más alta representante de la familia por el lado materno). Y es que, estoy de acuerdo, parece una dicotomía o quizá un oxímoron, pero el caso es que esto es real: el Río La Pasión no es sólo un espacio natural, semisalvaje y rural como generalmente se cree. También tiene un importante germen urbano que ha crecido en los últimos años y sin duda crecerá mucho más.

    ¿Qué se entiende por “alma urbana” o “germen urbano”? Ok, vamos por partes, dijo el carnicero.

    Desde el momento que sabemos que el nombre Sayaxché proviene del idioma Q´eqchí y significa “horqueta de palo” y aunque dicha denominación es tardía, porque le fue otorgada por los grupos

    Q´eqchies asentados hasta el siglo XIX en dicha región, se sabe por estudios arqueológicos que sus orígenes se relacionan con importantes actividades desarrolladas por grupos Mayas, desde hace unos 3,500 años. Sí, así como se lee: tres milenios y medio.

    Los primeros habitantes fueron los Choles (los cuales tenían una subdivisión en varias ramas) a quienes se atribuye la construcción de ciudades con monumentos esculpidos en piedra. Es decir, desde la época precolombina Sayaxché, pueblo visitado por el Río La Pasión jugaba un importante rol en el desarrollo de aquella cultura. Lo atestiguan sus importantísimos centros mayas como Cancuén o Machaquilá.

    Se reconoce, además, que la presencia de los choles como primeros pobladores del lugar conocido como Sayaxché, junto a trabajadores madereros que venían de Tenosique, Tabasco, Belice y España para trabajar en la empresa maderera Jamet Sartré, entre 1874-80 terminaron por darle un toque cosmopolita al hoy municipio petenero. Dicha empresa operaba en las áreas de los ríos Lacandón, Usumacinta y La Pasión y aunque la actividad era muy productiva, no fue suficiente para propiciar el desarrollo económico de Sayaxché, como hubiese sido lo deseable.

    De esta manera y a medida que se fue desarrollando la actividad maderera, Sayaxché fue dando forma a su carácter urbano. En determinado momento ya no resultaba rentable ni agradable pertenecer a La Libertad, empezando porque cualquier trámite debía realizarse ante esta municipalidad , lo cual significaba emprender un largo viaje cada vez que se debía obtener algún documento que sólo se extendía en dicha institución.

    Una vez separado de La Libertad, Sayaxché pudo seguir su propio camino y en poco tiempo logró alcanzar importantes indicadores de desarrollo superiores a los de otros municipios peteneros que basaban su economía básicamente en el turismo y la agricultura. Con el tiempo, también se aprovechó la cercanía del nuevo municipio con el Río La Pasión y se fue construyendo una pequeña infraestructura, especialmente de transporte acuático, que se utilizaba como una especie de pequeño puerto donde atracaban y zarpaban pequeñas embarcaciones dedicadas a la actividad comercial.

    Obviamente y con el transcurso del tiempo, esta actividad se fue haciendo más compleja y ya en los años 70 Sayaxché empezó a dar señales de los efectos negativos de la urbanización, entre otros, un leve pero a la vez sensible crecimiento de población migrante que venía desde diversos puntos de Guatemala, atraída por las posibilidades de obtener mejores recursos y agenciarse una adecuada calidad de vida.

    Otro efecto indeseable fue la contaminación del Río La Pasión, a causa de las diversas actividades que ya se desarrollaban en todo el municipio, es decir, tanto desde el pueblo interior como en las propias márgenes del Río La Pasión. Así, en poco tiempo la basura orgánica e inorgánica, desechos humanos, residuos de combustible que las embarcaciones lanzaban al agua fueron tomando forma de masas contaminantes que, a medida que se extendieron, fueron responsables de causar daños a la flora y fauna acuática.

    Y para acentuar el carácter urbano del Río La Pasión, mejor dicho, de su área de influencia en poco tiempo Sayaxché alcanzó niveles de desarrollo impresionantes, aunque no definitivos. Es decir, empezaron a proliferar los pequeños comercios. La empresa madera mencionada contribuyó a construir la primera escuela primaria de la localidad, en 1922. La educación del municipio ha mejorado considerablemente desde entonces y a la fecha cuenta con establecimientos educativos en todos los niveles del sistema educativo, lo cual incluye una extensión de la Universidad de San Carlos de Guatemala, otra de la Universidad Panamericana de Guatemala y una más de la Universidad Mariano Gálvez.

    Todo ello implica nuevas y pesadas presiones sobre la cuenca del Río La Pasión y que se traduce en índices de contaminación ambiental. Sin embargo, es imposible retornar a siglos pasados cuando el paisaje era predominantemente rural y por ello, lo que sí se ha hecho es actuar racionalmente en pos de la defensa y protección de la cuenca del río.

    A estas alturas, como hemos podido observar, el alma urbana del Río La Pasión había alcanzado un nivel de consolidación impresionante y que, año tras año, se fue incrementando gracias al desarrollo de nuevas actividades industriales y agroindustriales, entre estas, el cultivo del aceite de palma, importante generador de mano de obra local, que vino a contribuir a la transformación definitiva del municipio en una pequeña ciudad en constante desarrollo.

    Por supuesto, el turismo se ha mantenido como una importante fuente de generación de recursos y empleo, siendo una actividad que aporta un 12% a la economía total de Sayaxché y ha generado más de medio centenar de empleos en los hoteles que existen en el municipi.

    Como era de esperar, todas estas actividades también contribuyen al aspecto medioambiental. Sin embargo y para ser justos, también debe destacarse la estrategia de eliminación de focos de contaminación que de manera ejemplar se ha instaurado en Sayaxché y que debiera replicarse en otros municipios del país y convertirlo en parte de una política medioambiental bien definida.

    Dicha estrategia incluye desde el tema educativo en materia ambiental hasta la realización de acciones concretas que buscan, ante todo, proteger al Río La Pasión a fin de continuar aprovechando las múltiples potencialidades que se producen en su cuenca. Se trata de una armoniosa relación entre la naturaleza, los seres humanos y esa alma urbana que caracteriza al Río La Pasión.

    Creemos que si se impulsa este tipo de acciones, en las cuales participan de manera integrada la comunidad, los comerciantes y otros empresarios, los maestros, jóvenes, grupos indígenas y pobladores organizados y sociedad civil, va a ser muy fácil lograr que las condiciones en que se desenvuelve el Río La Pasión se mantengan adecuadas para su aprovechamiento por parte de seres humanos, la fauna, la flora y las diversas actividades productivas que se desarrollan en el ambiente del Río La Pasión.

    Sobre todo, el hecho que un “pueblito” alcanzara a tener un “alma rural” en su seno, significa, además de avances hacia el progreso del terruño, responsabilidades para evitar que el Río La Pasión se vea afectado por este fenómeno especial. Hay que luchar por ese río histórico y vital para la población que depende del mismo. Hay que proteger su sangre natural tanto como queremos desarrollar y aprovechar su alma urbana; esa que poco a poco se va constituyendo en forma de vida esencial para la población de este hermoso rincón del mundo que tanto tiene para ofrecernos para el futuro: ante todo, un Río La Pasión tal y como se observa ahora: libre de contaminación.

    Contaminación Río La Pasión

  • Disfrute pleno de la “contaminación del Río La Pasión”

    Contaminación Río La Pasión

    Disfrute pleno de la “contaminación del Río La Pasión”

    contaminación del Río La Pasión. Era un mediodía de verano; de esos veranos quemantes que en los últimos años padecemos en Guatemala. En este caso me encuentro en el norteño departamento de Petén; en un paraje muy cercano a las riberas del contaminado Río La Pasión. He caminado durante un par de horas, sin más propósito que recorrer los lugares que he visitado en un par de ocasiones anteriores. Pero el calor sofocante me obliga a hacer un alto debajo de un árbol frondoso y de tallo nudoso (Disculpen si no me he aprendido el nombre del arbolito).

    Es momento de almorzar. Tiendo sobre el monte, a modo de mantel, una chumpa que llevo amarrada a la cintura. Olvidaba decir que me acompaña Juan Alberto Cetina (O Zetina, ya no me acuerdo cómo se escribe). (¿o es Setina?) (¿o Cetino?), oriundo de estos lares. En fin, este apellido infernal siempre me ha dado problemas para recordarlo, pero el caso es que nos sentamos y acto seguido extraigo mi lonchera. Saco algunos panes con carne de venado que compré esta mañana en un estanquillo de San Luis, Petén (Sí, ya sé que a los ecologistas no les gusta esto, pero no había nada más para comer en ese lugar). Luego, una naranjada envasada, algunas hierbas que hacen las veces de ensalada y un par de chelas. Claro, no podían faltar bajo este abrasador y deshidratante calor.

    Mientras comemos,  dirijo la vista hacia el contaminado Río La Pasión. Bueno, al menos eso fue lo que me advirtieron en la capital cuando anuncié que vendría unos días por estos lares maravillosos. “Andate con cuidado porque he oído que ese río está bien contaminado y que es peligroso para el ser humano, incluso para la vida”.

    Pero no mucho hago caso y eso me encanta. Y me alegro de haber desoído esas versiones, porque lo cierto es que, ahora y aquí; frente al Río La Pasión todo lo que veo es fantástico. Estamos un poco alejados de la cabecera municipal de Sayaxché, pero ignoro realmente dónde estoy, lo cual es simplemente maravilloso porque acelera la adrenalina aventurera que llevo conmigo.

    Luego de la primera chela, me acuesto sobre el llano y un torrente de pensamientos empiezan a caer quién sabe desde donde. Lo cierto es que me siento muy liviano, acompasado por el sonido rumoroso del contaminado Río La Pasión y seguido por el rítmico canto de las aves que nos acompañan. Además, una que otra especie de sonido animal indescifrable (al menos para mí, vaquero urbano a morir).

    Y así, disfrutando el paisaje y todo lo que lo conforma, me pongo a recordar que esta sensación de plenitud ya la he vivido en lugares de gran belleza natural que he visitado en otros países: el Salto del Ángel, en Venezuela (Oh, maravilla de maravillas); el monte Siete Colores en Perú, el parque nacional Manuel Antonio, en Costa Rica.

    Y de pronto, al recordar esos detalles caigo en la cuenta que todos esos lugares tienen niveles de contaminación que, sin llegar a ser alarmantes, son mucho menores de los que hasta hoy he observado aquí, en el Río La Pasión. ¿Cómo, entonces, es que han dicho que este Río La Pasión está contaminado? Recordé que hasta aquel compañero de oficina que, muy crédulo y convencido, me advirtió de los riesgos que aquí encontraría.

    ¡Pero nada de eso! Al contrario. Creo que hacía mucho que mis pulmones no funcionaban tan a la perfección; no producían esa espléndida sensación que aquí se siente al aspirar profundamente y dejar que el aire limpio y puro penetra hasta el último de los alvéolos y limpia hasta el más recóndito de los cilios respiratorios. “Esto jamás ocurriría en un ambiente contaminado”, concluyo con firmeza.

    Realmente no me explicó de dónde surgió la campaña en contra del Río La Pasión y sus ficticios niveles de contaminación. Tampoco entiendo cómo es que conserva sus prístinos niveles de transparencia en sus aguas y de frescura en su vegetación. Al fín y al cabo yo vine a turistear no a estudiar. Pero no deja de sorprenderme que el Río La Pasión no sólo no esté contaminado, sino que de ninguna manera representa un riesgo para la vida. Todo lo contrario. Es aquí donde la vida cobra sentido.

    Comento mis reflexiones con Cetino (¿O Zetina?… qué diablos, como sea) y él me cuenta que, incluso, el Río La Pasión más bien está más descontaminado que nunca antes. “Es cierto, hay alguno que otro brote de contaminación pero no llega a ser alarmante. Las autoridades y los vecinos más las empresas han tomado acciones y coordinado tareas para evitar que se destruya nuestro río. Eso sí sería fatal para todos”.

    “Más tardecito, cuando baje un poco el sol, te voy a llevar a conocer otras partes del Río La Pasión donde la pureza que has visto hasta ahora no es nada. ¿Conocés el Pucté?”, me pregunta de repente. No conozco y obviamente despierta mi curiosidad al máximo. “Vamos de una vez, le digo”. Sin embargo, él insiste que debe ser cuando el astro rey haya descendido un poco su intensidad.

    Así que, a eso de las cuatro de la tarde nos dirigimos al lugar mencionado. Pucté, o como también es conocido, el arroyo Pucté. Lo que se presenta a mis ojos es realmente deslumbrante. No tenía ni la más pequeña idea. Jamás, ni en sueños, imaginé que existiera un lugar en el mundo que fuese lo más parecido a un enorme cristal subactuático. Por primera vez en la vida, pude observar “en directo” el fluir de la vida en las profundidades. Nada que ver con los programas de Animal Chanel en mi pantalla Led.

    Créalo o no, en este lugar se puede observar cómo las plantas acuáticas (tampoco me pregunte nombres, sólo crea lo que le digo) se enredan al compás de la corriente, o parecen esconderse ante la presencia de peces que, vistos desde arriba de este “vidrio” parecen de tamaño monstruoso. O algo mucho más espléndido: ver cómo las flores (insisto: no me pregunte cómo se llaman) pareciera que saludan al sol cuando este traspasa las aguas y abren sus pétalos en una especie de danza ancestral multicolor.

    Aquí pude darme cuenta de otro asunto: el olor del ambiente es distinto al de otros lugares. Ni modo, el aire purisísimo que se respira es capaz de transformar los aromas habituales. Podría decir que los camarones (porque aquí abundan y de buen tamaño) tienen una fragancia característica, pero con una diferencia difícil de describir. Es un olor agradable, que te hace felicitarte de haberlos ¿pescado o cazado?. ¡Y de comerlos… mmmh, no se diga!

    Es tanto el placer que causa este súper paraíso que decidimos buscar donde pernoctar con seguridad. Juan Alberto ¿Cetino o Cetina? (Yaaa…) me lleva hasta donde unos conocidos, que viven semi perdidos en una cabañita de madera rústica (lo cual no me preocupa en absoluto) que construyeron muy cerca de aquel paraje celestial. La cena, igualmente, es muy sencilla pero tiene sabor a gloria exquisita. Y la noche, mmmh, fascinante en medio de rumores, silbidos y cantos semi perdidos. En realidad, sigo sin tener la menor idea de por qué a alguien se le ocurrió la patraña de que el Río La Pasión está contaminado.

    Después de vivir toda esta aventura en contacto con la naturaleza, no puedo sino sentirme orgulloso de que en Guatemala tengamos los parajes únicos que hay en todo el transcurso del Río La Pasión. Así que, sin pensarlo más, venga a disfrutar de una buena temporadita de relax. Eso sí: !Por favor, si viene no vaya a contaminar el Río La Pasión!

    Contaminación Río La Pasión