• causa de contaminación Río La Pasión Pt.2

    Contaminación Río La Pasión

    La causa de contaminación  Río La Pasión

    Parte 2 

     Contaminación Río La Pasión. Cuando las lanchas pasaron frente a J J pudo ver más claramente a los tripulantes de las pequeñas naves. Eran los hippies, los fachudos, los ecologistas que daban un paseo nocturno por el Río La Pasión, pero no para comprobar si había contaminación. Era para algo que J J no alcanzaba a comprender muy claramente. Sin embargo, sus dudas no duraron mucho tiempo en despejarse. Desde su escondite claramente pudo ver cuando dos hombres levantaban un saco y vertían su contenido sobre las aguas. El carpintero-borrachín no pudo distinguir exactamente de qué se trataba, pero sí pudo percibir un olor penetrante que rompió el aire y llegó hasta sus narices, ofendiéndolas con la intensidad del aroma.

    En medio de su ignorancia (que en realidad no era tanta como él creía) se percató que se trataba de alguna sustancia química. Probablemente un pesticida y de inmediato cayó en la cuenta. “Ajá, son los que se dicen ecologistas los que están contaminando el Río La Pasión. ¡Ahora caigo! ¡Así es como quieren engañarnos!” “No, esto no puede ser. Lo voy a contar en el pueblo”.

    La operación duró varios minutos. El vertido se llevó a cabo en diversos puntos del Río La Pasión para asegurar sus efectos nocivos. “¡No cabe duda, lo que puede hacer el amor al dinero”, se dijo J J. “Contaminar un río tan hermoso con tal de justificar todo eso que han venido metiéndole al pueblo en la cabeza”, decía abrumado por la indignación.

    Tiempo después vio pasar de nuevo las dos lanchas, esta vez en sentido contrario y pudo observar cuando desembarcaron en las orillas de Sayaxché y de inmediato se dirigieron con rumbo desconocido, Por cualquier cosa, J J se quedó en el lugar aguardando a ver si volvían. Pero no. Al parecer la operación había sido suficiente y se marchó cuando ya casi entraba la madrugada.

    Curioso como era, antes de retirarse se acercó a las riberas del Río La Pasión y pudo observar que algunos peces saltaban del agua como enloquecidos; algo que había observado anteriormente y en varias ocasiones. “¡Malditos!” “Esa su porquería ya empezó a hacer efecto”, expresó, mientras inerme se dejó caer de rodillas sobre el pasto humedecido por el rocío de la noche. “¡Esto lo tiene que saber el pueblo entero mañana mismo!”

    Así que al día siguiente, a primera hora fue al mercado, al campo de fútbol, a las cantinas, al punto donde se reúnen los pescadores. Les contó a todos los que le fue posible lo observado la noche anterior. Por supuesto, no todos le creyeron de inmediato, sobre todo porque pesaba mucho su fama de borracho empedernido. “Vos a saber que bomba llevabas que viste aparecidos”, le decían. “Pues si no me creen vengan esta noche conmigo. Acompáñenme y verán”.

    Lo hicieron así. Al igual que J J la noche anterior, el grupo de pobladores esperó a los hippies. Escondidos detrás de los árboles, agazapados entre la maleza, atrás de las rocas, ¡donde fuera posible!Algunos empezaban a maltratar al carpintero, maldiciendo el tiempo de descanso que estaban perdiendo. En esas estaban cuando de pronto el silencio de la noche fue roto por el lento batir de remos en medio de la oscuridad. Eran alrededor de las 8 de la noche y todo parecía tenebroso porque la luna hoy estaba medio escondida por algunas nubes.

    Uno de los pobladores encendió un cigarrillo y lo levantó por unos instantes hacia el cielo, agitándolo de izquierda a derecha y viceversa. Era la señal de alerta que se había convenido. Los de la lancha no se percataron porque siguieron su lento navegar río abajo. De pronto, cuando la lancha se acercaba a una roca donde se escondían cuatro de los sorprendidos sayaxchenses, uno de ellos se lanzó al río sin hacer ruido, nadó un par de metros, alcanzó la borda de la canoa y de un sólo tirón la hizo tambalear. Justo en ese momento salió otro de entre la oscuridad, y otro, y otro más y en cuestión de minutos las pequeñas embarcaciones fueron volteadas mientras sus tripulantes eran arrastrados del cuello hasta una de las orillas.

    Una vez en tierra, los pobladores sacaron a relucir palos y piedras que habían reunido para amenazar a los intrusos. Estos, lloriqueando, imploraban compasión y decían, mintiendo, que su propósito “sólo era limpiar el Río La Pasión porque estaba contaminado”.

    “Limpiar será el diablo en calzoncillo”, dijo uno de los más airados. “Miren como se están muriendo los pobres animalitos en el río. Y después vienen ustedes con la prensa y le echan la culpa a las industrias”. “¿Qué hacemos con estos pájaros del infierno?, preguntó Leonel de repente. “Démosles aguacate aquí mismo, para que se les quiten las mañas”, contestó Francisco Pinto, cuya familia había llegado a Sayaxché del Oriente y tenía fama de armas tomar.

    “No, violencia no. Aunque lo que han hecho al contaminar el Río La Pasión no tiene nombre, mejor llevémoslos a las autoridades y que confiesen toda la verdad. Y luego de cumplir esta condición que los consignen para que sean castigados como merecen”. “Pero asegurémonos de que realmente los van a juzgar. Que este caso no quede en la impunidad como tantos otros que han ocurrido aquí”, decía alguien más.

    Así estuvieron discutiendo durante un largo rato. Realmente costó mucho convencer a los más irritados que lo conveniente era seguir el camino que marca la ley. Acto seguido se dirigieron todos a la Comisaría del pueblo donde fueron entregados, explicando al Jefe principal cuáles eran las condiciones que debían cumplir para antes de ser entregados. “¡No tengan pena, muchá. Nosotros nos encargamos de que sean procesados como corresponde. Váyanse a dormir tranquilos”.

    Al día siguiente el grupo poblador se dirigió a primera hora a la Comisaría. “Venimos a informar que ya convocamos a la Prensa para que venga a cubrir la declaración de estos peludos. Vienen a las 10”, dijo uno de los cabecillas. Sin embargo, las cosas no serían así. Con mucha pena, el Comisario les explicó que habían notificado al Ministerio Público y que este había llegado por ellos para hacerse cargo del caso. “Ya hace una hora salieron pa´ la capital”, les explicó.

    “¡Ya vieron que se los decía! ¡No había que entregarlos; teníamos que actuar de una vez!”, reprochaba Francisco Pinto. Al final, las autoridades les convencieron de que lo actuado era lo mejor para todos. “Esperemos que los llamen a declarar y entonces ahí ustedes podrán exigir justicia”, les decían para aplacarlos.

    Sin embargo, los días transcurrieron sin noticias de los aprehendidos. Y mucho más tiempo después, los pobladores de Sayaxché se enteraría que nunca habían sido llevados a juicio “por falta de pruebas”. “Ni modo -decía J J- al gobierno no le conviene perseguir a ecologistas, aunque sean delincuentes”.

    Contaminación Río La Pasión

  • La causa de contaminación Río La Pasión

    Contaminación Río La Pasión

    La causa de contaminación Río La Pasión

    Contaminación Río La Pasión. Juan José, más conocido como J J ) era famoso en Sayaxché por su extremada afición a las bebidas alcohólicas. Aunque trabajaba por las mañanas como carpintero, al nada más dar las 12 del mediodía su vida cambiaba de manera drástica y su mundo se reducía al rincón de alguna cantina. De cualquiera de las muchas cantinas que se conocía como la palma de su mano. De La Libertad, en Petén a Chisec, Alta Verapaz y de San Francisco a Dolores, de Dolores a Poptún y de Poptún a San Luis. ¡Ah! Y en más de una ocasión, sin saber cómo, fue a parar a un bar de mala muerte en Ocosingo, en Chiapas, México.

    Así, del mediodía al anochecer o, algunas veces hasta la madrugada, J J hacía amigos momentáneos, con los cuales intercambiaba las más fantasiosas historias que pueden narrarse entre borrachos. Unos contaban relatos de aparecidos; otros, los pescadores, de enormes bestias que salían de las aguas del Río La Pasión. Otros eran expertos en temas políticos: que si los ex funcionarios detenidos, que si los desmanes en el Congreso, que… Y los más, eran adictos a un tema de suyo controversial: las mujeres. Y es que en aquel grupo no había uno sólo que no hubiese tenido escarceos amorosos con más de una docena de damas del pueblo… según decían.

    Y así como este, era igual al día siguiente. Y al otro. Y al siguiente otra vez. Largas jornadas laborales, literalmente echando barniz junto a larguísimas jornadas de ingesta alcohólica y sabrosa, aunque improductiva, tertulia. J J, además de ser conocido era bien recibido en esos lugares, y no tanto porque fuera buen cliente sino porque tenía un modo peculiar de tratar a la gente, que rápidamente caía en gracia.

    Eso sí: era un borracho, digamos, responsable hasta cierto punto. Ganaba muy bien porque era de los pocos carpinteros que sabían su oficio a la perfección y tenía el cuidado de que nunca faltaran los frijolitos para su esposa y cuatro hijos. “Yo me quiebro el lomo para que a ustedes nada les falte”, decía a modo de justificación de las borracheras.

    Una noche de parranda cuando ya estaba bastante entonado, la charla tomó perfiles muy serios. Uno de los amigos habituales empezó a relatar que habían estado por el pueblo “unos como fachudos” que les estaban diciendo a un grupo de maestros y otros dirigentes que había que estar alerta porque el Río La Pasión estaba contaminado. Muy contaminado, especialmente desde que una empresa industrial provocó la mortandad de miles de peces, y que esa sustancia iba a acabar con toda la población.

    En medio de la borrachera todos se pusieron alarmados. No podía ser posible que algo tan terrible estuviese ocurriendo en aquel hermoso Río La Pasión. Sobre todo, no podía ser posible que estuviese contaminado, como habían asegurado los hippies esos. A veces tal vez estaba un poco sucio; algunas veces quizás bastante sucio, pero era basura transitoria; manchas que dejaban los motores de las lanchas, basura que tiraban algunos irresponsables, cosas así. Pero contaminación, lo que se dice contaminación… muy difícil. ¡Imposible!

    A JJ también se le espantó la bolencia. Él, como todos los que ahí se reunían, podían ser todo lo borrachos que se quisiera pero sobre todas las cosas amaban al Río La Pasión. Era parte de su vida desde el mismo instante que habían nacido, se habían zambullido en sus aguas desde patojos (especialmente en las vacaciones, cuando pasaban horas enteras nadando), habían navegado cada centímetro cuadrado de sus aguas y habían ayudado en cada ocasión que se producía mortandad de peces (que era algo recurrente en realidad, aunque la prensa se hubiese centrado en los hechos de junio de 2015 como si nunca antes hubiesen ocurrido).

    Pero, lo que le preocupaba a JJ de manera particular era que su esposa todos los días llegaba al Río La Pasión a vender comida entre los viajeros. Sus patojos, además, solían ir a jugar con los hijos de los pescadores y frecuentemente regresaban a casa empapados, después de haberse dado grandes chapuzones. Borracho, algo irresponsable como decíamos, pero con cierto nivel de educación que le servía para saber que la higiene era algo muy importante en la vida. Porque eso sí: sólo había cursado la primaria pero hubo un tiempo en que le dio por leer de todo. Eran tiempos lejanos, cuando iba a la biblioteca municipal y se devoraba los libros. Todo eso cambió cuando se casó y después, cuando se dio a la bebida. Pero ahora lo que le preocupaba era esa famosa contaminación en el Río La Pasión.

    Por eso, al día siguiente dejó de ir a la cantina. Le carcomía la mente la idea del Río La Pasión contaminado. Simplemente, no lo podía creer. Era un impacto tan fuerte en su psiquis que resultaba más poderoso que su afición a la bebida. Ahora no dejaba de ir al río a ver su estado. Nunca encontraba nada anormal. Nunca, algo alarmante. Solo agua y más agua.

    Una noche decidió dar un paseo por las orillas del portentoso Río La Pasión. Había luna llena y llegaba hasta sus narices el olor del hueledenoche, el rumor de las ramas más cargadas de hojas, los clásicos sonidos indescifrables de las aves nocturnas. Y la corriente, que esta noche estaba muy tranquila, emitía el suave ritmo que acompañaba su desplazamiento entre las rocas. Y aunque el gusanito del trago lo hurgaba de vez en cuando, J J prefería hacer caso omiso y se aguantaba “como los machos”. “Me preocupa más lo que le pueda pasar a mi familia y a mi pueblo que echarme un par de capirulazos”, era su auto terapia.

    Con esas meditaciones en su cabeza iba caminando, cuando de repente escuchó un ruido extraño, ajeno a los típicos sonidos de la selva llamó su atención. Eran voces humanas; un poco apagadas pero voces al fin. “¿Será que estoy oyendo tonteras por tanto guaro?” se preguntó. “No, ahora estoy sobrio”, se respondió como aclarándose a sí mismo. Entonces, con cautela, se escondió detrás de un árbol de tallo ancho, afinó el oído y agudizó la vista. Y fue cuando vio que, en efecto, era un grupo de personas que se desplazaba en una lanchita, muy pegada a la orilla para evitar cualquier crecida repentina que pudiese presentarse.

    Iban muy agazapados hasta que de pronto uno de ellos se levantó para hacer algunos ademanes con los brazos en alto. Para J J las señas no mucho se entendían, pero en eso cayó en la cuenta que otro grupo estaba en la orilla opuesta. Tampoco había visto otra canoa que había permanecido varada en la ribera opuesta, hasta que esta empezó a navegar en sentido perpendicular al río hasta alcanzar a la primera lancha. Fue entonces cuando vio que los tripulantes de esta última embarcación cargaban algunos bultos y se los entregaban a los de la primera. A pesar de lo suave de las voces con que se comunicaban, J J alcanzó a oir: “Bueno muchá. Manos a la obra y rápido. Que nadie se de cuenta”.

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  • La comunidad discute la contaminación Río La Pasión

    Contaminación Río La Pasión

    La comunidad discute la contaminación Río La Pasión

    Contaminación Río la Pasión. Aquella mañana de domingo la cabecera municipal de Sayaxché, Petén lucía más activa que nunca. Al nada más salir de misa, todo el pueblo se reunió en el punto al que había convocado la Alcaldía del lugar: El salón de usos múltiples. ¿El motivo? Discutir y analizar los rumores que se han hecho rodar en los últimos días acerca de los niveles de contaminación del Río La Pasión.

    A pesar de lo sombrío de la convocatoria, el pueblo entero estaba con ánimo festivo. En los últimos años eran pocas las ocasiones en las cuales podían reunirse para convivir masivamente, así que había que aprovechar cualquier oportunidad que lo permitiese. No importaba si fuera una fiesta de 15 años, una boda… o un funeral.

    Hasta doña Emilia, la señora que vende alimentos en el mercado aprovecho para obtener unos centavos de más y, con la autorización del alcalde acudió de madrugada, con ayuda de sus hijos, a instalar unas mesitas desmontables en el salón y colocar ahí algunas ventas de chucherías. En una hora más o menos, estaba colocada ya la venta de chuchitos, enchiladas, rellenitos, dobladas de pescado y camarón y una infinidad de productos más, con cuya venta esperaba aliviar un poco las penurias económicas.

    Mientras las horas transcurrían y llegaban las 11 de la mañana, hora de la cita, los pobladores aprovechaban para intercambiar opiniones. Unos celebraban el poder saludarse después de muchos meses de no hacerlo “Ah, la pesca ha estado bonita, hermano. Casi no me doy abasto” comentaba Juancho a Lizardo, en una esquina del salón. “Ahora no nos hemos echado los tragos, vos Andrés”, decía Julián a su amigo. “Ah, es que ya no chupo, vos Julián. Palabrita”. A este comentario siguió una fuerte carcajada de un grupo que escuchaba la conversación, dando a entender que no creían lo que decía Andrés. “Dejate de balandronadas. Vos siempre has sido más bolo que el guaro”, replicaba alguno de los involucrados en la plática.

    “Ya vieron muchá que ya llegamos a la Primera División del Fútbol. Van a ver que el año entrante estamos en la mayor”, decía muy ufano Pedro, seguidor incondicional de La Furia de la Pasión, como se conocía popularmente al equipo de Sayaxché. “Pero en la mayor desgracia, tal vez”, respondió soltando la carcajada don Celso Leiva. “No muchá, no sean así. Apoyemos lo nuestro. Esos muchachos van a llegar a ser grandes”, insistía Pedro. “Pero grandes de edad”, volvió a fastidiarlo don Celso. “Con ustedes mejor ni hablar. Por eso estamos como estamos”; farfulló muy molesto don Pedro, y se apartó en búsqueda de amistades más receptivas hacia su tema favorito.

    En esas estaban cuando, por fin, apareció el alcalde en el recinto. No le alcanzaban las manos para saludar a propios y extraños (porque olvidaba decir que habían llegado varias personas de la capital. Expertos que les dicen, se dijo para sus adentros Abraham, uno de los pobladores que nunca estaba conforme con nada. “Yo sí creo que la contaminación del Río La Pasión es cierta y ya no tiene arreglo” pensó con su clásico pesimismo, pero en ningún momento, ni cuando se inició el debate, se atrevió a decirlo en voz alta.

    “Buenos días, estimados vecinos. Bienvenidos a este su Salón de Usos Múltiples, construido con los valiosos aportes que usted le dan al municipio. Pero hoy no vengo a hablar de mi administración. Los he convocado porque creemos que es importante analizar y encontrar soluciones a un problema que ha surgido y que nos está afectando a todos: la contaminación que, dicen, está acabando con el Río La Pasión y que amenaza con hacer la vida imposible para todos nosotros”.

    “Eso no es cierto”, interrumpió a gritos Leonardo, uno de los líderes de los pescadores. “Eso es lo que quieren hacer creer unos peludos hediondos de la capital que se llaman Madreselvas; pero esos no saben nada de contaminación. Nunca los habíamos visto hasta que se produjo aquella matazón de peces en el año 2015. Ahora vienen con playeras alusivas al caso de la muerte de peces y a decir que ellos son La Pasión, cuando jamás se han dignado a acompañarnos a que vean con sus propios ojos que no hay tal problema. Aseguraron que nunca más íbamos a tener pescados pero ya ven, ahí están los animalitos reproduciéndose como si nada hubiera ocurrido”.

    “Está bien, está bien Leonardo, esperemos a presentar bien el problema y entonces tendrás tu tiempo para hablar”, le dijo con calma el alcalde, que era un tipo que se las sabía de todas todas, lo cual era bastante explicativo de por qué y cómo había sido electo por el pueblo.

    “Como les decía, las noticias que se han propagado han alarmado a muchas personas y por eso es que aquí hay delegados del Ministerio de Medio Ambiente. Nosotros, que somos los que sufriríamos a la hora de que sea cierto lo que dicen de la contaminación del Río La Pasión, debemos escuchar con atención, ser respetuosos como siempre somos con todos los que nos visitan y, depende lo que nos expliquen, tomaremos las medidas correspondiente. ¿De acuerdo?”

    “¡De acuerdo!”, repitió la mayoría. Doña Claudia, lideresa de las mujeres de la Economía Informal pidió la palabra para hacer constar que ella y sus seguidoras respaldarían todo aquello que contribuya al progreso de Sayaxché. “Si es que hay peligro de contaminación demostrado, cuenten conmigo y estas mujeres de empuje, porque no vamos a permitir que se pierda nuestro preciado tesoro ni vamos a exponer a nuestros niños a saber a cuáles peligros”.

    “¡Bravo!” aclamó todo el salón. Se veía que doña Claudia era lideresa de verdad y que sabía demostrarlo en cualquier momento que fuese necesario. Los del Ministerio la saludaron con respeto y le dijeron que contara con ellos en todo lo que se ofreciera para eliminar la contaminación del Río La Pasión, ese río que ellos también miraban como propio, no por ser peteneros ni sayaxchenses. Simplemente, dijeron, porque el río es parte del gran tesoro natural de la humanidad, aunque no lo haya declarado así la Unesco.

    Acto seguido el alcalde explicó que, además de los representantes del Ministerio se encontraba un representante de la Gobernación Departamental, varios líderes de diversos sectores de la sociedad de Sayaxché, el gremio de maestros, grupos ecologistas y representantes de Grupo HAME, la empresa productora de aceite de palma cuya planta se encuentra en la región y que, en principio, había sido señalada erróneamente como responsable de la crisis de junio de 2015 en el Río La Pasión, señalamiento que ha sido desvanecido con hechos reales.

    Acto seguido subieron al escenario dos hombres jóvenes y una señora un poco mayor, como de unos 40 años, quien no hablaba español, pero sonreía muy amable a la concurrencia y eso les dio confianza.

    Empezaron a recordar que las noticias acerca de la contaminación del Río La Pasión han sido alarmantes, pero que es necesario poner las cosas en su justa dimensión. “Por eso estamos aquí”, dijeron, y empezaron a preparar su exposición.

     

    Contaminación Río La Pasión

  • Todo sobre contaminación Río La Pasión

    Contaminación Río La Pasión

    El río La Pasión está contaminado… dicen…

    Contaminación Río La Pasión. Cosas increíbles las que ocurren en Guatemala. Hace algunas semanas, rebelde que soy, me sentí “motivado” por algunas noticias que había leído días atrás, en las cuales se afirmaba por sus autores, casi que con la cruz en los labios, que la corriente del Río La Pasión habían quedado contaminada y que era imposible darse un chapuzón, a causa de la mortandad de peces que ocurrió hace dos años, precisamente en el mes de junio.

    Pero ocurre que a mí no me gusta que me cuenten cuentos. No sé, pero algo en mi interior (de por sí inquisitivo y cuestionador) me decía que debía percatarme con mis propios ojos, oídos y demás sentidos. “El Río La Pasión contaminado”, repetía una voz en mi mente y, una y otra vez, me negaba a hacerle caso. “No, no puede ser”. Pero al mismo tiempo, algo me decía que “tal vez sí”. “Puede ser posible”. Y finalmente, una tercera voz que me acompaña cuando estoy frente a este tipo de disyuntivas me hizo recordar, casi a gritos, aquello de: “Hasta no ver, no creer”.

    “El Río La Pasión, contaminado”, me volvía a repetir una y otra vez. Y es que a la vez venían a mi mente varias ideas. Una, ocurrida varios años atrás, cuando era un mozalbete y llevé a cabo mi primera incursión por el inmenso río. Todo fue fabuloso y a tono con mi espíritu de explorador. Animales, plantas, agua y más agua. Y aunque habían algunos rasgos de contaminación, tampoco era para preocuparse. El río se anunciaba con larga vida por delante”.

    Y la otra no ocurría precisamente en el Río La Pasión. Tampoco en Petén. ¡Vamos! Ni siquiera en Guatemala. Me recordé que en 2006 tuve oportunidad de viajar a la India y China en el año 2013. Uno de mis caros propósitos, planificados desde muchos antes de salir de viaje, fue visitar los históricos y sagrados ríos Ganges y Yangtsé, tan históricos y sagrados como el Río La Pasión.

    Mi espíritu se quiebra en el Ganges

     Cuando por fín tuve frente a mis ojos aquella enorme corriente, no pude evitar el recordar aquella leyenda que relataba cómo estas aguas se encontraban pero en el cielo, como burlándose de las tierras desérticas y la sed que padecían los primeros habitantes de la India, muchos de los cuales morían a causa de la falta del vital líquido. Pero vino un rey, Bhaguiratha, quien parece que logró impresionar a los dioses con sus plegarias nacidas de la desesperación y la sed, y estos no tuvieron más remedio que escucharlo y concederle su deseo. Las aguas se precipitaron, pero caían con tanta furia y abundancia que muchos seres perecieron a causa del exceso de agua.

    Antes que todos murieran, Shiva, el dios supremo del hinduísmo, hizo que las aguas cayeran sobre su cabeza y resbalaron por ella durante mil años, hasta que la corriente encontró su curso y fijó su nacimiento allá por el Himalaya, pero ahí ya se había vuelto un río manso y cristalino, un auténtico espejo que estaba inexorablemente al servicio de los humanos.

    Pero ahora esa leyenda choca contra la realidad. Lo primero que vi fue un torrente de residuos y desechos asquerosos. Me resultó difícil imaginar si aún se sumergen los devotos en busca de la salvación. Y casi vomito al recordar que muchos hasta beben a sorbos de su lecho, con tal de agradar a sus deidades. Más tarde leí un informe de la Fundación Sankat Mochan en internet, donde se advierte que en ciertos puntos el Ganges alcanza un nivel de bacterias fecales de 31 millones por cada 100 mililitros, aunque lo tolerable para un duchazo son 500 y para el consumo humano un real cero. Por eso ahora, al recordar, me buye en la cabeza esa vocecita: “El Río La Pasión está contaminado”.

    Según otro estudio publicado en 2006 por la Revista Internacional de Salud Medioambiental, en las aguas del Ganges se puede contraer cólera, hepatitis A, tifus, enfermedades gastrointestinales o disentería. Al fin y al cabo, pienso, el Río La Pasión tiene 345 kilómetros, nada comparable con los 2,525 kilómetros del Ganges donde viven 400 millones de personas, un tercio de la población india, que dependen estrechamente de sus aguas, al igual que los 67 mil aproximadamente, que viven en Sayaxché, donde se ubica el Río La Pasión.

    Derrumbado frente al Yangtsé

     Al nada más poner un pie en Beijing, capital de China recibí la bienvenida de una bocanada asquerosa de smog, típico de las ciudades que resiente los efectos del crecimiento económico y sus efectos sobre el medio ambiente. Un poco desilusionado, pero al fin y al cabo dominado por la curiosidad, hice al viaje hasta uno de los poblados erigidos a orillas de este descomunal río de El Yangtsé drena una cuenca de 1 millón 800 mil km.

    Pero aquí, donde un dragón largo formó este enorme cuerpo hídrico, poco va quedando de su esplendor. Y la Presa de las Tres Gargantas, impresionante con todo y ser la presa más grande del mundo y que alimenta la mayor central hidroeléctrica, parece un insulto a la ancestral cultura china, tan apegada desde sus tiempos de mayor esplendor a rendirle tributo al mundo y sus maravillas.

    Pero ahora, en el Siglo XXI, en lugar de dragones lo más seguro es encontrar cerdos muertos flotando, en cantidades tan grandes como 2 o 3 mil. Y según me contaron, fuentes contaminadas (ahí sí aplica el término) como esta son responsables del aumento de casos de cáncer.

    Les juro que no es para nada agradable contemplar esta inmensidad plena de basura, donde sus aguas constantemente cambian de color, no por efectos naturales sino los desechos de todo tipo que se vierten a las que algunas fueron fuentes de regocijo espiritual. Un reporte oficial ha declarado que hay 600 kilómetros en estado “crítico” debido a que el río recibe cada año 14,200 toneladas de agua contaminada, equivalentes al 42% del total desaguado en todo el país. Además, pesticidas, fertilizantes y escapes de los barcos de pasajeros figuran entre los principales contaminantes, especialmente en la zona de la presa de las Tres Gargantas. Toda esta contaminación está afectando significativamente a la vida acuática, al grado que solamenta la extinción del delfín de aleta blanca y por otra parte, se ha visto afectada la actividad económica, debido a que cada vez se extrae menos pescado y otros animales y productos que antes abundaban.

    Ahora estoy aquí, de nuevo, frente al Río La Pasión, mi entrañable río. Y ¡Oh sorpresa! Mis pulmones se ofenden pero al recibir la pureza de su aire, al percibir el aroma límpido de sus aguas, al ver reflejado mi rostro en aquel espejo de agua, todavía tan claro como hace años, cuando lo visité por primera vez. Hay empresas industriales en sus cercanías que no existían entonces, es cierto, pero tampoco es justo acusar mientras estén contribuyendo, tal como lo pude comprobar, a luchar junto a la población para mantenerlo libre de contaminación.

    Así que decido mandar a donde deben estar a los que (ahora lo comprendo) se han ensañado contra el Río La Pasión y los anhelos de desarrollo de la población de Sayaxché. “El Río La Pasión está contaminado”, insiste aquella voz en mi mente, pero ahora es débil, casi imperceptible, como un zumbido que más bien causa risa.

    “Me dan ganas de mandar a la China a los que inventan estas sandeces… y que se enteren de lo que es realmente un río contaminado.

    Contaminación Río La Pasión