• RSE: El caso, “Ecocidio”

    Ecocidio, Rio la pasion

    El Caso “Ecocidio”

    Durante mucho tiempo se ha debatido intensamente acerca del nuevo paradigma empresarial que conduce a estas a ejercer programas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), como parte de su vida productiva.  En sus inicios, durante la última mitad del siglo pasado, esta idea fue cuestionada en una curiosa alianza tácita entre empresarios conservadores y dirigentes sindicales, obviamente también de línea conservadora.

    Ambos sostenían, por un lado, que las empresas incurrían en suficientes gastos sociales para favorecer a sus colaboradores, para pensar en brindarles más ventajas. Les debía bastar, según este modo de pensar, con los beneficios que les brindaba el Estado, tanto en materia de seguridad social como en ciertos programas de tipo recreativo.

    Para los líderes de los trabajadores, por su parte, la Responsabilidad Social Empresarial no era sino una manera de maquillar la explotación que se observaba en todos los centros laborales. Una manera de “lavar la cara” de los empresarios, brindándoles algunas migajas a quienes le ayudaban a producir su riqueza.

    Ambas posiciones, afortunadamente, han superado las hostilidades y resistencia lógicas, para perfilarse, ahora en el siglo XXI, con grandes perspectivas de constituirse en una herramienta de apoyo al desarrollo social, por un lado, y de mejoramiento notable de la producción, por el otro. Inclusive, las potencialidades de la Responsabilidad Social Empresarial se han dirigido hacia nuevos actores, cuya participación era impensable hace apenas 20 años: las poblaciones y comunidades aledañas a las plantas de producción.

    Desde un punto de vista totalmente imparcial y al contrario de lo que algunos grupos interesados han manifestado, la industria palmera ha sido evaluada positivamente y es un modelo en materia de programas de R S E que ha ameritado reconocimientos internacionales pero, más que eso, el aprecio de las comunidades de Sayaxché, Petén, lugar donde se ubican sus instalaciones centrales.

    Los pobladores, al contrario de las agrupaciones ecohistéricas, cada vez tienen más claro que lo ocurrido el año pasado en el Río La Pasión fue un accidente producto de circunstancias inevitables, pero jamás del vertido del insecticida Malatión como inicialmente se especuló y se utilizó como argumento para desprestigiar a la empresa procesadora de aceite y, de manera harto irresponsable, para calificar lo ocurrido a los peces como un “Ecocidio”.

    Lejos de lo afirmado por las voces que han hecho del ecologismo un medio de vida, se ha comprobado fehacientemente que el Malation no se encontró en ninguna de las muestras de agua tomadas ni, mucho menos, en los peces muertos.  Lo que sí es comprobable, es que una mezcla de causas, incluyendo los residuos biodegradables se dispersó en las aguas, afectando a las especies piscícolas. La prueba más categórica es que el proceso de descontaminación ha sido bastante efectivo y se ha producido en corto tiempo, lo cual sería imposible en el caso de compuestos de alto contenido químico como el producto pesticida ante mencionado.

    Hombro a hombro con la población

    Conscientes de su responsabilidad hacia un entorno natural hermoso, como es la región de Sayaxché, la industria palmera ha emprendido programas de protección ambiental desde el momento mismo del inicio de sus operaciones en Petén, de lo cual hace más de 15 años.  Tal como su nombre comercial lo indica, la reforestación es una de sus actividades primordiales. De esta manera se produce una relación simbiótica, un claro “ganar-ganar”. Se favorece a la población al garantizarle un ambiente natural equilibrado, y se favorece la compañía al asegurar las condiciones para mantener estable su producción.

    Pero la RSE que desarrolla la industria palmera no es sólo reforestar. Siendo Sayaxché uno de los municipios donde la extrema pobreza está presente con mucha agudeza, ha sido preocupación constante de la empresa procesadora de aceite de palma, que se logre erradicar el problema de desnutrición que aqueja a muchos de los infantes del área, como doloroso reflejo de esa situación de empobrecimiento, debido a que, por tratarse de un ambiente selvático, especialmente bosque subtropical húmedo, son relativamente pocos los productos que pueden comercializarse en el sector.

    Para ello, la industria palmera cuenta con un programa especial y muy profesional de atención nutricional a niños afectados por la falta de alimentación adecuada, el cual no se limita a la atención alimentaria inmediata, ni a la dotación de micronutrientes o, inclusive, de medicinas si fuere el caso. El programa incluye un seguimiento constante, vigilado por personal especializado, por medio del cual se lleva un monitoreo y registros de la evolución del estado de salud de la niñez beneficiaria.

    Lo anterior, al margen de que la industria palmera ha sido un importante generador de mano de obra local. Cerca de la mitad de la población de Sayaxché ocupa un cargo en esta empresa, por lo que se ha convertido en una fuente básica para el sostenimiento de los pobladores, especialmente aquellos que durante muchos años vivieron de la agricultura de subsistencia o de la pesca artesanal.

    La contribución activa y voluntaria de la industria palmera en pro del mejoramiento social, económico y ambiental es incuestionable Gracias a sus programas de R S E no sólo ha mejorado su situación competitiva, valorativa y su valor añadido, lo cual es lógico en toda empresa comercial, sino que ha contribuido fuertemente a consolidar buenas relaciones con la comunidad de su entorno, construyendo una relación de mutua confianza que asegura un desarrollo sustentable y armónico, tal como lo previeron los pioneros de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

    Ecocidio, Río la Pasión

    Ecocidio, Río la Pasión

  • Rio la pasión, Sayaxché Guatemala. El Mito del Ecocidio.

    RIO LA PASIÓN GUATEMALA
    RÍO LA PASIÓN, GUATEMALA

    RÍO LA PASIÓN, GUATEMALA

    El Mito sobre el Ecocidio 

    Desde el año pasado, algunos grupos organizados han venido colocando en la mente de la población guatemalteca un concepto prácticamente desconocido en el medio: Ecocidio. En particular, lo utilizaron para criminalizar el accidente ocurrido en 2015, en el Río La Pasión, un cuerpo de agua de 345 kilómetros que nace en las montañas de Alta Verapaz (norte del país), incursiona en buena parte de la selva petenera, llega a Sayaxché y alcanza su máxima anchura (400 m) antes de El Porvenir, para finalmente desembocar y finalizar su trayecto en la confluencia del río Usumacinta.

    El accidente ocurrió el 6 de junio de 2015, cuando residentes de las cercanías del río reportaron haber encontrado gran cantidad de peces muertos flotando a lo largo de la corriente del río. De inmediato y sin mayores elementos de juicio (tal como se ha demostrado a medida que se profundiza en las investigaciones), el Centro de Acción Legal, Ambiental y Social (Calas) declaró que se trataba de un ecocidio.

    Calas es una Organización No Gubernamental de corte ecohistérico, financiada por entidades internacionales y que se dedica a estimular el conflicto en las comunidades donde la empresa privada busca instalar operaciones, aun en casos donde las actividades no afectarán el medio ambiente.

    En el caso del río La Pasión, injustamente denominado ecocidio, esta agrupación señaló como responsable a la industria palmera, acusándola de haber vertido el insecticida Malatión sobre la corriente. Si bien esta sustancia dio positivo para las muestras de agua del rio La Pasión, resultó negativo en los peces muertos.

    Sin embargo, en su afán protagónico, Calas ha insistió en su versión, ha llevado el caso a instancias jurídicas de diverso nivel, en las cuales ha recibido varios reveses y se ha logrado que la procesadora de aceite sea amparada por varias salas jurisdiccionales.

    Ante todo, hay que tener claro que no cualquier desastre ecológico merece el apelativo de Ecocidio. Esta es una palabra instrumentalizada, en este y otros casos, y que luce como un buen pretexto para desprestigiar al sector empresarial, causar alarma en la comunidad internacional y, como corolario, obtener aportes financieros de esta última. Así ha sido la historia de las agrupaciones ecohistéricas y en el caso de Calas no es la excepción.

    En realidad “Ecocidio” hace referencia a cualquier daño masivo o destrucción ambiental de un territorio determinado de tal magnitud que ponga en peligro la supervivencia de los habitantes de dicho territorio. Ecocidio puede ser irreversible cuando un ecosistema sufre un daño más allá de su capacidad de sanar. Es generalmente asociado con el daño causado por un agente vivo, sea directa o indirectamente. Más propiamente, hasta un organismo puede infligir ecocidio directamente, al  matar suficientes especies en un ecosistema para interrumpir su estructura y función, como en el caso de las algas verde azuladas sobre el medio ambiente del precámbrico, cuya química reductora liberó cantidades masivas de oxígeno al medio ambiente. Para algunos organismos este oxígeno era venenoso y desaparecieron, en tanto que las algas y otros organismos se adaptaron a un medio ambiente con una química basada en la oxidación.

    Los hechos y el tiempo transcurrido han demostrado que el accidente, lamentable desde cualquier punto de vista, si bien ocasionó la pérdida de una cantidad numerosa de peces, no afectó el ecosistema en su conjunto. Y las comunidades habitantes de las riberas del río La Pasión siguen su vida cotidiana, desarrollan sus actividades productivas sin alteración y el entorno se encamina  hacia la recuperación total.

    Industria palmera, cabe señalar, ha sido una empresa ecológica y socialmente responsable. La palma, el producto a cuya explotación se dedica, tiene características ambientalmente amigables, por tratarse de un producto que reincorpora grandes cantidades de materia orgánica al suelo, protege a este último de la erosión mediante el uso de cobertura leguminosa y ayuda a mantener una temperatura baja en el suelo.

    Ecocidio y su Responsabilidad Social

    Desde antes de los acontecimientos que nos ocupan, empresa procesadora de aceite ha construido una sólida relación con los pobladores cercanos a su planta de operaciones. Jornadas médicas, monitoreo y evaluación nutricional, para dar seguimiento al crecimiento de los infantes de Sayaxché. Además, donó una hectárea de terreno al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) donde se construirá un importante centro de atención. Actualmente se estudian otras áreas de apoyo a las comunidades de este municipio petenero.

    Y no deben omitirse los espléndidos resultados que en materia económica le ha generado el aceite de palma al país: el país ha pasado de ser importador a ser un exportador notable, genera más de 25 mil empleos directos y 125 mil empleos indirectos y, en general, una mejora en los niveles de ingresos y en la calidad de vida de estos beneficiarios. Agrupaciones como Calas jamás podrían aportar uno sólo de estos beneficios, porque su interés es particular, economica y destructivo.

    Como puede apreciarse, la industria palmera está compenetrada de su responsabilidad institucional hacia el sector donde opera y, en especial, por la situación del medio ambiente. Es una de las industrias que ha evolucionado paralelamente a las necesidades de la sociedad, reconociendo la importancia del desarrollo sustentable.

    Lo ocurrido en el Río La Pasión, lamentable como decíamos, debe superarse para el bien de las comunidades pesqueras y para el desarrollo económico-social del país. Debe verse como una oportunidad, no para hacer más grandes las heridas y el resentimiento que pudiese existir, sino para caminar en plena concordia, hacia un nuevo estatus donde empresas y pobladores, como actores directos del tema, puedan construir un nuevo estatus de relaciones, en armonía y con el horizonte puesto sobre un mejor mañana. Nada de ello, por cierto, le interesa a las organizaciones ecohistéricas.